El momento más oscuro
Esto lo escribí el 26 de enero de 2024, a eso de las 5:35 a.m., bajo la luz de una vela, en una pequeña choza dentro de la Escuela de Medicina Tradicional Shipibo Oni Nai, en la comunidad indígena de San Francisco, en la selva amazónica peruana. (Chequea esta entrevista que le hice a mi maestro si quieres saber más sobre Ayahuasca)
Estaba haciendo mi tercera dieta, un entrenamiento de medicina tradicional Shipibo. Es un proceso de purificación e integración de la sabiduría ancestral sobre el manejo de la energía de las plantas para la sanación. Durante ese mes no tuve contacto físico con nadie (ni mi esposa), no vi mi celular y ayunaba frecuentemente. Tampoco usaba ningún tipo de producto químico, ni consumía carne, sal, azúcar, aceites, etc.. Es un proceso que te lleva muy profundo.
En fin.
Esa noche tuvimos una ceremonia de ayahuasca en la que recibí un gran upgrade y mucha información.
En resumen, pude ver la semilla divina que vive en cada ser.
Conocí al Buda.
Y entendí lo pequeño que soy frente a la inmensidad de la creación.
Una noche normal, ¿no? 😂
Pero esto no es lo que te quiero compartir. Es algo más visceral que pude sentir al final de esa noche: el lugar y el sentido de la oscuridad.
Lo que todos tememos, lo que escondemos, lo que todos quisiéramos ignorar.
Alrededor de las 5 a.m., salí de la maloca (un rancho grande en el que tenemos las ceremonias) y me dirigí a la ducha, donde iba a darme un baño de plantas —parte del tratamiento de depuración y fortalecimiento que estaba haciendo. Yo estaba algo arriba con la medicina todavía y sentía todo a flor de piel. La oscuridad de los últimos momentos de la noche me arropaba; no podía ver absolutamente nada, me costaba diferenciar entre lo que era yo y lo que me rodeaba.
Y ahí empezó la cosa:
El amanecer en la selva es otra cosa. Justo antes de que empiece a aclarar, todo se pone más oscuro.
Los sonidos son más intensos; hasta el soplo del viento se siente en los huesos.
En este momento, todo se pone más salvaje. Se escuchan los gatos peleando, los búhos alertando, los murciélagos están arrebatados, chillando más alto que nunca. Sientes y escuchas cosas que jamás has escuchado. La muerte se siente en el aire.
En este último momento de oscuridad, el caos tiene hambre y no se quiere ir; los seres tampoco quieren que se vaya.
Es el momento de mayor libertad, donde todos pueden expresarse libremente y saciar sus instintos más primales: sangre y lujuria.
La oscuridad es esencial. Es en ese caos, esa destrucción, ese momento en el que las reglas no existen, donde no hay orden ni consecuencias, donde empieza la vida, donde nace la luz.
La oscuridad solo permite que salga la luz cuando los seres han podido liberarse, cuando se han podido reconocer desde lo más vil hasta lo más noble.
Es en la oscuridad donde nos atrevemos a ser nosotros mismos, cuando pensamos que nadie nos está viendo, cuando solamente somos, sin importar lo imperfectos que podamos ser.
La oscuridad es el playground, el lugar donde podemos experimentar, jugar, ser tontos, atrevidos, donde nos damos permiso para equivocarnos.
Es en ese caos hermoso donde el orden llega. Siempre estuvo ahí, solo nos estaba dando un chance de conocer quiénes somos realmente. El caos es parte del orden, tanto como el orden es parte del caos.
En la oscuridad se da el crecimiento. Es en la oscuridad donde la semilla se va transformando en un cuerpo.
Al dormir, se regeneran los cuerpos, se procesa la información del día y se purifican las células y órganos.
Esto solo es posible cuando se apagan las luces, cuando se apaga el “orden”, cuando se pausan las expectativas y hay permiso para solo ser.
La oscuridad no le exige nada a nadie. Es misericordiosa y compasiva; ella solo quiere que existas.
A la oscuridad no le importan tus méritos ni tu apariencia.
Sin luces ni adornos, nada importa. En la oscuridad, lo único que importa es ser.
No vinimos a este plano para vivir solo en la luz, en la perfección, ni en la certeza. Vinimos a crecer, a desarrollar nuestras mejores cualidades, a integrar la dualidad.
Porque cualquiera puede ser positivo cuando todo está bien.
O ser humilde cuando nadie te reconoce.
Ser abundante cuando hay estabilidad.
Estar alegre cuando todo sale a tu favor.
Pero ese no es el punto.
La oscuridad es el lugar donde podemos realmente desarrollar esas cualidades.
Ser valientes cuando no hay garantías.
Perdonar cuando todavía duele.
Abrirte a algo nuevo después de una mala experiencia.
Es en el caos que podemos encontrar nuestra fe y anclarnos en ella.
Estamos aquí para vivirlo todo.
Para conocernos en lo incómodo.
Para dejar de huirle a lo que no nos gusta de nosotros, y empezar a entenderlo.
Porque en la luz cualquiera puede ser bueno.
Pero solo en la oscuridad es que se prueba todo lo demás.
Ahí es donde realmente aprendemos a amar sin condiciones.
A nosotros. A los otros. A la vida.
Antes de que te vayas, quiero saber si este contenido más "chamánico" te parece interesante, para ver si lo integro más a lo que te comparto.
Gracias!!
Un abrazo,
Rey
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