¿Qué dirías si te dijera que para vivir tu mejor vida debes estar dispuesto a sentir el dolor y tristeza más grande de tu vida?
Estamos hablando de tu mejor vida: expansión, prosperidad, alegría, amor, todo lo bueno al máximo — y también lo incómodo. Todo lo que has soñado y más, por el módico precio de sentir y ver todo lo que has evitado.
Este no es un caso hipotético. Es el diseño de la vida, algo que llamo el péndulo de la consciencia.
Un péndulo tiene un punto de pivote y oscila de un lado al otro. Mientras más energía tiene, más lejos llega en ambas direcciones. La vida funciona igual. A mayor consciencia, subes más alto — y también bajas más profundo.
Lo empecé a notar primero en lo espiritual y luego en todo lo demás. Entre más abría lo bonito y luminoso, a la misma vez aparecía la oscuridad y lo que habitaba en las sombras.
Cuando entregas todo tu amor, cuando muestras tu vulnerabilidad, salen todos los miedos y heridas que puedas tener. Se abre la caja de Pandora. Lo mismo pasa cuando estás creciendo tu negocio o haces una inversión grande — no hay garantías, y vas a tener que sentir tus miedos de perder, de equivocarte, de no ser suficiente.
Crecer no es color de rosa. Es todos los colores, olores y sabores en una licuadora. Somos consciencia experimentándose a sí misma. Todo el espectro, sin excepción.
¿Vale la pena sentir todo esto?
Sé que es contraintuitivo. Esperaríamos que al crecer como persona, las cosas deberían volverse más tranquilas. Más fáciles. Menos caóticas. Todo lo contrario, my friend. Lo que estás haciendo al crecer no es aquietar el mundo exterior, estás aumentando tu capacidad de sostener más. De sentir más.
Hay personas que viven con el péndulo casi quieto. Poca alegría, pero tampoco mucho dolor. Una vida emocionalmente administrable. Y tiene su lógica: si nunca te expones, nunca tienes tanto que perder. Si siempre hay alguien a quien responsabilizar, el peso nunca cae sobre ti.
Los medicamentos psiquiátricos funcionan, en parte, así. No resuelven la causa — amortiguan la oscilación. Para alguien en crisis real, eso puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Pero como filosofía de vida tiene un costo: pagas la tranquilidad con la misma punta del péndulo que te da alegría genuina, presencia plena, amor profundo.
Otra salida es no tomar responsabilidad. Culpar al jefe, al gobierno, a la pareja hace lo mismo. Amortigua, pero también te roba el rango completo de lo que puedes sentir y crear.
El precio real de vivir así no se ve en el momento — se ve cinco años después, cuando miras atrás y todo sigue exactamente igual. Mismo trabajo. Mismas conversaciones. Mismo techo. No porque no pudiste crecer, sino porque activamente evitaste todo lo que hubiera requerido que lo hicieras. Se siente seguro, pero te va a costar muchos arrepentimientos en el futuro.
Expandiendo tu amplitud.
La amplitud de péndulo se expande de dos maneras.
La primera: tú lo eliges. El libro, la terapia, el viaje, el retiro. Algo te está picando por dentro y vas hacia ello.
La segunda: la vida elige por ti. Te dice es hora de crecer. El embarazo que no estaba planeado. La quiebra. El despido que te obligó a reinventarte.
Hace seis años, vivimos una experiencia que nos obligó a todos a sentir de todo: la pandemia. Y seis años después puedes ver claramente dos tipos de persona: los que cruzaron esa puerta y los que intentaron recrear el mundo anterior, como si nada hubiera pasado.
Nadie eligió la pandemia. Pero todos eligieron qué hacer con ella.
Estas experiencias "forzadas" te presentan una versión de ti mismo que no sabías que existía. Incómodo, sí. Pero ahí es donde está la expansión.
Cuando se pone Darks
Cuando el péndulo llega al lado oscuro, hay dos opciones.
La primera es escapar. Un trago, el celular, trabajo excesivo, drogas, sexo, lo que sea que adormezca lo que estamos sintiendo. Esto alivia el dolor, pero también nos desconecta de nosotros mismos y nuestra capacidad de sentir alegría real (no un placer pasajero).
La segunda es frentearlo. Ver lo que sea que estás sintiendo y aceptarlo, conversar con curiosidad con estas emociones para entender lo qué quieren decirte. No tienes que estar iluminado para hacer esto, solo tienes que entender que estas emociones tienen un mensaje importante para tu crecimiento. No están ahí por ganas de joder, o porque algo está mal en ti, son mensajes para que actualices alguna de tus creencias, formas de actuar o de pensar.
Calmando las aguas
Cuando empieza el Rock and Roll, tu sistema nervioso entra en el estado de lucha o huída. Sientes que hay una amenaza, te paralizas o sales huyendo. Si lo piensas bien es lo que has hecho siempre en esa área de tu vida que aún no despega.
Para poder encarar la incomodidad tienes que aprender a regularte. Es decir, aprender a decirle a tu cuerpo (sistema nervioso específicamente) que todo está bien. Necesitas algo que te ancle — no importa qué: respiración, movimiento, fe, una conversación, tiempo sin pantallas y notificaciones. Bajar las revoluciones de la mente y regresar al cuerpo. Porque siendo realistas, todo el pánico que sientes es por los miles de escenarios fatalistas creados por tu mente, no por que tu vida está en un peligro inminente.
Esto no es nuevo, ahora que estamos empezando a entender mejor la salud mental le pusimos nuevas etiquetas. Hay personas que nunca han escuchado del sistema nervioso, regulación o mindfulness pero tienen prácticas espirituales, hacen ejercicio, pasan tiempo en la naturaleza, aceptan y expresan sus emociones. Inconscientemente construyeron un sistema de regulación.
Por qué es útil
Llevo semanas pensando en esto. Meses, quizás. Explorando mi frustración con mi experiencia al tener que transitar tanta incomodidad después de tanto trabajo personal. Esta teoría es mi conclusión.
Inconscientemente, me hice la expectativa de que al tener más libertad, más conciencia, todo iba a ser paz y alegría. No es así. Mi experiencia se puede describir como un día (u horas) de completa certeza, gratitud y alegría seguidos de dudas, miedo y lo que te quieras imaginar.
Y esta es una buena señal. Porque sigo creciendo, sigo dirigiéndome a retos más grandes, sueños más expansivos, asumiendo más responsabilidades. Las cosas que me preocupaban hace un año ya no tienen espacio en mi cabeza — ya las superé, ahora estoy construyendo algo más grande.
Lo interesante es que a medida que voy trabajando en esto, ya no me enrosco peleando con la incomodidad. He aprendido a encontrar mi centro independientemente de lo que pase afuera, de mis emociones o mis pensamientos. Estoy aprendiendo a ser el observador del movimiento, no el péndulo moviéndose.
El movimiento del péndulo no es algo que necesita solución, es un patrón más en el diseño de la vida que cuando aprendemos a observarlo deja de ser aterrador. Es evidencia de que estás vivo, que estás creciendo, que estás jugando el juego de la vida sin reservas.
Mi pregunta para ti.
¿Cuánto estás dejando sobre la mesa por no querer sentir todo el rango de experiencias?
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