Te voy a contar algo que nadie sabe de mí.


Lo que he aprendido de mis mil facetas

Esto es algo que no le he contado a nadie:

A veces surfeo por obligación, no porque quiero.

¿Quién me obliga? Mi identidad de surfer. Rey de 30 años que movía cielo y tierra para surfear, que necesitaba estar en el agua siempre que hubiera olas y se enorgullecía de poder hacerlo. Ese que lo dejó todo para irse a surfear, yo lo llamo el monje surf.

La verdad es que ahora mismo hay días en los que ir a surfear me descuadra todo el día, cuando en verdad tengo ganas de trabajar y jugar con Lana en mis breaks. El surf puede esperar. Siempre van a haber olas, esa es la gracia de vivir en la playa.

Me sigue encantando surfear, pero ya no es el centro de mi vida ni quien soy. Esto ha pasado muchas veces: una nueva versión va desplazando una identidad pasada. El obsesionado con fútbol americano, el dude que vivió en Europa, el product manager, el soltero, el borrachito, el marihuano, el surfer, el chamán, el que entrena en el gym, el coach...¿Cuál será el siguiente?

Pero algo está cambiando en cómo vivo estos cambios. Antes eran más drásticos — borrón y cuenta nueva en cuestión de meses. De Tech Bro a acampar en Cambutal. ¿Por qué tan radical? Porque tomaba una actividad o rol como una nueva identidad. Todo o nada.

Después de tantas máscaras, cambios de parecer y recorridos, he aprendido a separarme de estos personajes que voy creando. Porque encasillarme en un trabajo, hobby o rol me limita. Porque mi identidad (y la tuya)es categóricamente más grande que mi historia o lo que sea que estoy haciendo ahora.

¿Quién soy?

Soy un niño jugando con máscaras, creando mundos y misiones. Soy el que observa el juego y a veces se pierde en uno de esos personajes. Soy el papá, el ingeniero, el coach, chamán, el monje surfer, astrólogo, y quien sabe que más se me ocurra en el futuro. Pero ninguno (ni la combinación) puede definir a ese niño. Esa esencia nunca va cambiar, aunque el va a seguir cambiando y adoptando nuevos personajes en el juego de la vida.

El truco es recordar que solo son máscaras. Estoy aprendiendo a integrar en vez de separar todas estas identidades.

Puedo disfrutar de mi trabajo, surfear cuando tengo ganas, disfrutar de mi familia, hacer billete y tener una vida espiritual rica al mismo tiempo.

Puedo oficiar una boda cantando en shipibo, hablando de Dios y la naturaleza, vestido en saco y corbata. Nada de lo que haya hecho, dicho o pensado antes me debe condicionar. A ti tampoco.

No confundamos la máscara con el actor. Hay roles que duran toda la vida — siempre voy a ser el hijo de mis padres, el esposo de Olivia, el papá de Lana. Estos roles son parte de mi identidad, no son mi identidad. La informan, la enriquecen, le dan profundidad.

Independientemente de estos roles, voy a seguir creciendo, explorando nuevos intereses y facetas, integrando nuevas máscaras a mi pequeño universo.

Ahora llevemos esto a tu vida. ¿Dónde están tus problemas? ¿Qué quieres cambiar y no puedes? El problema no es tu fuerza de voluntad ni tu capacidad — en esos lugares tu identidad actual está chocando con tu realidad, mostrándote los límites de lo que has decidido ser.

No tienes que seguir chocando. Solo tienes que recordar que eres el actor, no el personaje. Y siempre puedes cambiar de personaje.


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Hola, soy Rey

Escribo sobre filosofía, trabajo, negocios, hábitos y la vida misma. Me dedico a ayudar a personas como tu a encontrar claridad y tomar acciones alineadas con su vida ideal. Te estaré compartiendo reflexiones, tips y estrategias para materializar lo que está buscando.

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