El poder de la certeza
Hace una semana y pico cumplí 37 años, y algo que me ha quedado muy claro es que la vida seguirá siendo la vida. Van a venir más pruebas, la incertidumbre crecerá, y cada vez voy a sentir que estoy sosteniendo más y más.
Este es el contrapeso a toda la alegría, logros y amor que estoy sintiendo y voy a sentir cada vez más. No hay uno sin el otro.
Cool, es algo que entiendo intelectualmente, pero esto no me previene de sentir una gran desesperación y soledad cuando siento que estoy sosteniendo al mundo en mis hombros. Esa parte mía que ya está cansada de tanto golpe se pregunta: ¿cómo c#$%#a se supone que puedo vivir en paz? ¿cómo se puede ser feliz en medio de tantas pruebas e incertidumbre?
Mi regalo para mí mismo (y para ustedes) es mi mejor respuesta a estas preguntas: una fórmula para navegar los rápidos del río de la vida, para dejar de remar contra la corriente y aprender a usarla. La única forma que he encontrado para apreciar la riqueza de esta experiencia, a pesar de lo intimidante (y atemorizante) que puede llegar a ser.
Yo le llamo la fórmula de la certeza.
Ya te explico cómo funciona.
Ten Certeza
La base es la certeza. Elegí este término en vez de la fe porque para muchas personas la fe es ciega, se trata de creer, no de saber. La certeza es diferente. No es ciega, pero tampoco está basada en evidencias que satisfagan a la mente, es una entrega total al proceso. La certeza es un estado del ser que existe más allá de las dudas de la mente. Es una convicción absoluta de que todo lo que sucede viene de la luz del Creador para el mayor bien, incluso cuando parezca negativo.
¿Qué? ¿Me estás diciendo que tengo que regocijarme y dar gracias por lo malo y lo feo?
—Sí pero no, no pero sí.
Te lo pongo así. Si miras hacia atrás, todo lo que te ha pasado te ha traído hasta aquí. Lo doloroso te ha formado y ha dado pie a cosas positivas también. La certeza es entender que siempre vas a estar bien. Pase lo que pase, es parte de tu evolución personal y tiene una razón de ser (aunque no la entiendas en este momento).
No estoy hablando de un positivismo que evita lo incómodo. Vas a seguir sintiendo todo el miedo, tristeza, enojo y frustración. Pero paralelamente puedes descansar en tu certeza de que no estás solo y de que es para tu beneficio final. Solo así es posible sentirlo todo y agradecer estas dificultades para aprender de ellas. Esta es la base, la base que no depende de un resultado o en lo que está pasando afuera. Nadie más puede dañar ni fortalecer tu certeza, sólo tú.
Cuando empieces a conectar con esta parte de ti, empiezas a entender más allá de tu mente, es un sentir, es SABER realmente. Vas a empezar a sentir que descargas updates a tu software a través de las experiencias que vives con apertura (cuando te abres a sentirlas todas tal cual como son).
La certeza es un estado que te da la seguridad para moverte sin saber qué va a pasar — no como tú crees que tiene que ser, sino respondiendo a lo que la vida te pone enfrente.
Acción: encárgate de la tarea frente a ti.
¿Cuánta energía perdemos pensando "no debería estar haciendo esto"?
Imprevistos, tareas repetitivas, resolver algo que no es tu culpa (pero es tu responsabilidad). Qué fácil es amargar nuestra existencia rechazando la realidad frente a nosotros.
No hay felicidad sin responsabilidad.
No hay abundancia sin responsabilidad.
No hay amor sin responsabilidad.
No hay salud sin responsabilidad.
Ninguna tarea está por encima o debajo tuyo. Si tienes una tarea frente a ti, encárgate de ella. En otro momento vas a poder optimizar o delegarla.
A veces estás tan cansado o abrumado que no puedes más. Entonces la tarea frente a ti es descansar. También puede ser algo fuera del trabajo como prestarle atención a la persona frente a ti, divertirte o disfrutar. Hazlo. Si te sientes culpable de hacer alguna de estas, esta es tu tarea más importante. Si no eres una bomba de tiempo esperando una crisis.
Hacer la tarea frente a ti no es suficiente. El cómo lo haces es igual de importante. Es la siguiente pieza de la fórmula.
Dar lo mejor de ti.
Cualquier esfuerzo menor a tu mejor esfuerzo es un crimen contigo mismo. Hacer las cosas "obligado" te quita tu poder. Hacerlas amargado te drena. Es tu responsabilidad encontrar la perspectiva que te ayude a dar lo mejor de ti con gusto. Haz zoom out, busca cuál es el big picture, cómo lo que haces te permite o acerca a tus objetivos.
¿Pero cómo hago para dar lo mejor de mí si a duras penas puedo con todo lo que hago?
Lo mejor de ti nunca ha sido dar por encima de lo que tienes. No significa dar tu 150% cuando solamente tienes un 20%. Es dar lo que tienes. Si es 10%, entonces 10%. Habrán días que sientes que tienes 200% para dar, otros días 50%. Cuando dejes de forzarte a ser una máquina vas a empezar a entender cómo funcionas y cómo lo puedes ajustar a tus responsabilidades. Especialmente cuando aprendas a interpretar los mensajes de tu cuerpo y tomar los descansos que necesitas.
No siempre vas a poder hacer lo que amas pero siempre puedes amar lo que haces. Cambia el cómo, y eventualmente, el qué cambiará.
El último paso es el mejor truco para mantener una buena disposición y ponerle energía positiva a la situación.
Dar gracias.
La gratitud es un músculo. La mayoría de las personas exitosas han sido entrenadas a siempre estar inconformes para mantenerse motivados. El resultado es que su capacidad de agradecer está atrofiada. Hay que practicar. Al principio se va a sentir como una farsa, pero poco a poco vas a empezar a sentir cómo algo se activa en tu pecho, y tu mente deja de buscarle la quinta pata al gato. Eventualmente vas a sentir gratitud sincera.
Si tenemos certeza de que todo es para nuestro bien, entonces podemos ser capaces de dar gracias por las pruebas que nos fortalecen (todas). También por los regalos y bendiciones, por todo lo bonito que pasa y por la oportunidad de dar lo mejor de nosotros mismos. Por último debemos poder dar gracias por el misterio y las preguntas que quizás nunca podamos responder. La gratitud es el oxígeno que mantiene nuestro fuego encendido, es el mecanismo que fortalece esa certeza que tenemos en la base, es el último componente de este ciclo virtuoso.
Listo.
Ten certeza, toma acción, da lo mejor de ti y agradece. Si haces esto, vas a disfrutar del proceso.
Esta es mi fórmula a mis 37 años. Ahora que la estoy poniendo en práctica siento que la vida solamente está empezando. Como un niño que acaba de aprender a montar bicicleta y está dándose cuenta de todas las posibilidades que se están abriendo con esta nueva habilidad. Con la ligereza de no tener que saber todas las respuestas, y a la misma vez las ganas de descubrir lo más que pueda.
Lo único que me queda es darte las gracias por darme la oportunidad de hacer lo que amo, por leerme, por tu atención.
Gracias, gracias, gracias.
Ten certeza de que estás y siempre estarás en tu camino.