Imagina que estás por reunirte con una sabia, capaz de accesar los registros del pasado y futuro de tu alma, y lo primero que te dice es:
“hay mucha prisa aquí, demasiada, ¿cuál es el apuro, muchacho?”
Esto me pasó a mi hace unas semanas. Una viejita en argentina que no tenía idea de nada de mi vida me lo dijo todo sin ni siquiera haber empezado la terapia. En 5 segundos me desarmó. Y sigo pensando sobre esta pregunta un mes después.
¿Por qué estoy tan apurado, y por qué no me doy cuenta?
No soy el único. Casi todas las personas que conozco están persiguiendo algo y sienten que están tarde, que tienen que ir más rápido, porque la vida y el tiempo se les están yendo de las manos. Irónicamente esta búsqueda afanosa es lo que no nos deja tomar esa vida y disfrutarla en el presente, tal y como es.
Por más que intelectualmente estamos claros que solo existe el presente, seguimos apurados.
No me conformo con echarle la culpa a las redes sociales. Esto es algo que lleva milenios atormentando al ser humano, mucho antes de tener acceso continuo a los logros de todas las personas que conocemos (y los que no también). Esto solo amplifica la sensación de que algo nos hace falta y que lo necesitamos YA.
Queremos llegar a la meta final sin ni siquiera haber empezado a correr.
A mis 37 años y teniendo una hija debería ser lo opuesto. A estas alturas mi pensamiento consciente es que quiero ir lento y estar lo más presente en el proceso. Pero a la misma vez no puedo esperar para llegar al siguiente paso. Crecer, resolver mis problemas, estar en el lugar que pienso que debería estar en este momento.
Y aquí empezamos a adentrarnos en la raíz del asunto: el lugar dónde debería estar, mi expectativa de lo que debería ser, hacer y tener independientemente de mi proceso. Una parte de mí solo quiere llegar a la "meta final". Tener libertad financiera, criar a mi hija, crecer con mi esposa, mejorar en mis hobbies, etc...cada quien tiene su lista.
Y a la misma vez, no quiero perderme el proceso. Quiero crear los recuerdos, estar en los momentos difíciles y encontrar la solución, sentir y vivir la experiencia completa. Transformarme en la persona que creó esos resultados.
Queremos el resultado (el dinero, la casa, los hijos, el proyecto, la creación) pero también queremos vivir la experiencia completa, aunque no todo sea color de rosa.
Entonces si el problema no es el proceso como tal, ¿qué es lo que nos hace sufrir tanto?
Miedo. Dudamos del resultado, dudamos de nosotros mismos, por eso queremos tenerlo YA. Porque no confiamos en que lo vamos a obtener. Es la única razón por la cuál estaríamos dispuestos a perdernos del proceso.
Piensa en tus talentos naturales, tus hobbies, las cosas que haces sin ningún tipo de expectativa. Son lugares en los que no hay miedo, solo certeza. No te cuestionas cada segundo en lo que va a pasar, solo lo haces y los resultados llegan solos. Mejoras porque estás practicando, porque lo disfrutas.
Yo lo vivo en los deportes. No estoy preocupado de si lo haré bien, o cuanto peso voy bajar o cuanta masa muscular voy a ganar. Lo hago porque me gusta hacerlo y sé que los resultados van a llegar si soy consistente. Soy disciplinado pero no siento que hago un esfuerzo ni estoy peleando contra mi mismo, no hay resistencia. Es todo lo contrario, placer, diversión y presencia.
Pero todo cambia cuando hay algo en juego.
Es otra experiencia cuando tu techo y la comida en tu mesa están en juego (o la de otras familias). O tal vez es la imagen que has construido, o algún sueño como tener familia o vivir cierta experiencia. Hay un peso existencial de por medio, no se trata solo de practicar, hay consecuencias reales si te equivocas, si no eres perfecto, si no lo haces bien a la primera.
Este es el origen de ese apuro existencial, estamos muertos de miedo, sentimos que nos vamos morir si no logramos el resultado. No tenemos tiempo para un proceso, necesitamos un resultado porque necesitamos seguridad, queremos garantías detalladas sobre todo lo que va a pasar.
Entonces aquí es cuando confiar en el proceso vuelve a tener sentido. El éxito está garantizado para el que confía en el proceso, no en el momento que tú quieres, sino cuando estás listo. Así como es inevitable mejorar para el que practica por diversión, eventualmente vas a lograr tus objetivos si sigues poniendo de tu parte.
Lo voy a repetir para que ahora lo sientas en tu cuerpo:
el éxito ya es tuyo, suelta tus miedos y preocupaciones, entrégate al proceso y disfruta del viaje.
Respira profundo y léelo las veces que necesites para sentirte más ligero.
Esta es tu garantía, solo tienes que entregarte al proceso. No es una fe ciega, es certeza.
Tu apuro solo está atrasando el resultado, y peor aún, tu experiencia del proceso.
— Pero, ¿que hacemos con nuestro miedo y ansiedad?
Respiramos profundo y los sentimos. Nos vamos a caer, confiar en el proceso es volver a levantarnos todas las veces que sea necesario.
Confiar en el proceso también es descansar y pedir ayuda.
Esta semana pregúntate cómo vivirías si estuvieras seguro que todo va a salir bien.
Esta es tu garantía, date permiso para disfrutar del proceso. Y si no sabes cómo hacerlo, empieza por disfrutar tu siguiente respiración.
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